La pequeña Yeji siempre tuvo mucha imaginación, para su familia, ya no era raro ver que la niña hablara sola, era de esperarse que haya desarrollado amigos imaginarios debido a que, en su pueblo no había muchos niños.

Una tarde, la pequeña estaba jugando en los límites del jardín que había detrás de su casa y vio que su amigo, a quién ella llamaba “Tobi”, se dirigió al bosque que se encontraba detrás del cerco, a pesar de que lo había llamado varias veces, Tobi no volvía, ella dudó en cruzar el cerco, pues sus padres le habían advertido que no se alejara de la casa, pero finalmente decidió ir en busca de su amigo adentrándose al bosque.

-¿Tobi?- lo llamó.

Pero no recibió respuesta alguna, se encontraba perdida cuando vio la sombra del pequeño correr entre los árboles y lo siguió “espérame Tobi”- le gritaba- mientras trataba de alcanzarlo.

La pequeña corrió por unos minutos y finalmente encontró a su amigo “debemos regresar, mamá se va a enojar con nosotros” le advirtió Yeji, pero el pequeño solo rió y le extendió la mano, ella sonrió y se acercó a él, pero de repente sintió la tierra bajo sus pies removerse, cuando miró hacia abajo ya era demasiado tarde, la pequeña había estado parada en un barranco que se desplomó al más mínimo peso “ayúdame Tobi, tengo miedo” sollozó mientras colgaba de un pedazo de tierra que se estaba por romper, pero él solo respondió “a mí tampoco me ayudaron”.

Por Brisa Gabella