Las promesas que te susurré al oído

aparecen cada madrugada a acecharme por no cumplirlas

el tiempo que te regalé, hoy lo siento perdido.

Vivimos en un mundo con más respuestas que preguntas

así y todo, nadie sabe qué decir cuando dejas de querer

cuando los brazos cálidos ahora son fríos, distantes, extraños

nos convertimos en un lenguaje que ya no comprendo.

Me duele recordarnos, pero me duele más cuando te pienso y no te extraño

a veces la culpa viene a soplarme la cara

una brisa de aire muy frío que te congela la respiración

es molesta, fugaz y suficiente para dejarme el resto del día intranquila.

Tu remera perdida en el fondo de un cajón todavía tenía impregnado tu olor

fue la nostalgia quien me sorprendió y te trajo hacia mí

cuando daba por sentado que si en un lugar no estabas

eras en mí

pensé en los olores que vienen acompañados de memorias borrosas

como un día feliz de mi infancia en una casa olvidada que dejé de habitar.

Ya no me lastima pensarnos porque entendí que un momento no define el resto de mi historia

y tú hace tiempo dejaste de escribir en la mía.

Miro nuestra complicidad en fotos viejas

y la ironía finalmente me saca una sonrisa

existimos en sitios que ignoran nuestra presencia

nos confiamos trascendentales en un universo que no sabe sobre caras ni nombres

y si somos un número finito de minutos, no podía darte un para siempre.