1 – “El Estado destina más de 30.000 pesos mensuales por preso y no tienen jabón ni lavandina. Quiero saber qué hacen con mis impuestos, quién se los roba.”

Esta frase pudo haber sido dicha por cualquier opinólogo de programa político sin desentonar con el discurso actual que apunta a que los funcionarios se roban todo, tienen sueldos altos y no quieren bajárselos.
Hasta la ex gobernadora Vidal, apenas asumió, habló de la necesidad de que el presupuesto destinado al servicio penitenciario sea administrado por civiles. Que no haya avanzado en ese sentido no inhabilita la posibilidad de anunciarlo sabiendo que no va a resultar un disparate a oídos de sus votantes.Es decir que perfectamente podría pensarse el reclamo mediático en esos términos. Sin embargo a este motín, como a ninguno de los anteriores, no se lo pensó en estos términos.


2 – ´El marginal´ es una serie que logra lo que toda serie sueña: una estética particular, una trama atrapante, un público fiel que la transforma en un culto. Caetano es un director extraordinario.

Desde lo argumental, no hay discurso más funcional a las posturas anticonstitucionales de la sociedad frente a lo penal que esta serie. Aplica la dicotomía civilización / barbarie de la manera más brutal y descarnada posible para justificar, finalmente, que todas las personas presas deben arder, que no hay redención posible, que lo único que diferencia a los presos de los animales es la drogadicción y la codicia.
El discurso de la serie prende con mucha fuerza porque devuelve a gran parte de la sociedad, de una manera a la vez exacerbada y confirmatoria, aquello que circula en su imaginario.
Ese imaginario es posible solo gracias al silencio hermético que rodea lo que sucede en las cárceles y que favorece la construcción de mitos.

El marginal es solo una serie, pero alimenta un discurso nefasto en un momento muy delicado porque no existe otro discurso mediático referido a las cárceles que permita una representación alternativa. Lo que en principio es una propuesta de ficción se vuelve la realidad.


3 – Cuando un grupo de personas se sube al techo de un penal con un reclamo lo único que espera quien mira la tele es que los bajen a tiros.
Alrededor del preso como sujeto social no hay derechos que los protejan, no solo por la ausencia del Estado sino porque la sociedad avala esa ausencia y frente a él no hay noción de injusticia. Solo debe pudrirse en silencio y morir en caso de protestar.

4 – Es fundamental generar los espacios que permitan problematizar las representaciones acerca de la cárcel, ventanas que permitan ampliar el horizonte a la hora de pensar las condiciones de vida en el encierro carcelario.

En Devoto funciona el CUD, Centro Universitario de Devoto. Pensar la cárcel a través de este centro sería un fuerte motor para, lejos de la romantización ingenua, empezar a desmantelar la mirada anti derechos de los penales que se encuentra tan instalada.

Hace unos años se filmó un documental sobre el CUD, ´No ser Dios y cuidarlos´: