El té hierve al lado del cuaderno. Me tiré de cabeza porque es nuevo, sagrado. O mejor virgen o afortunado hasta que apoyé la punta de la lapicera. Pobrecito. No pudo escapar de la caligrafía del pobre tipo que se mandó a escribir -no sabe cuando- líneas más pobres que él y su café, agua sucia, y lo que sea, eramos tan pobres. La cosa es ésta. Simple, cortita, al pie -si dedicación esto requiere. Tengo que ponerle el pan en la boca al mono que aplaude los platillos y desafina.

Si no lo perdí compañero mi semejante hipócrita, lector, vamos a la cosa. Fui a un evento -recomiendo- acá, en Villa Elisa. Fui a un Ciclo de eventos (carta documento papeles y amenazas se las hacen llegar a Juan mi secretario que se las tira por la cabeza a mi abogado mentira mentira). Como un buen chanta que junta seis palabras, las pegué con plasticola, hice un un párrafo escritor. Hablé del Punctum, los detalles, los materiales de los trabajos de mi amigo, y a cada rato volvía a las miradas de cada ilustración; flasheé Barthes y Crítico de budines, digo. Literario crítico. Perdón, “‘crítico’ ‘literario’”. Bueno. No sé qué esperaban leer.

Les dejo un texto de un cronista (y cineasta) franco-argentino. Ganó algunos concursos municipales. Publicó en Le Corbusier. Le gusta Messi. Se siente primero argentino (segundo Francia). También el pastel de papa, no te lo niega nunca. Punto a favor. Bueno. Ahí va.

”Ojalá el autor sea tan descuidado como de estúpida, empecinada e imbécil es la señorita que olvidó el paraguas en la sala de disección. El carnicero como yo podemos jurar que todo lo que se diga es real; si quien no mima su esperanza, descuida sus sueños, todo no puede ser más que la verdad. 

 Un tipo está sentado en el camastro con la cara entre las manos, justo en la punta derecha de la cámara. De la boca de una señora, como una tos seca, en un erótico pero perfecto castellano: “Detente instante, eres tan bello” le cuenta y se remueve en la cama. Se queda quieto, apaga el cigarrillo en la sábana blanca. Un tipo hace un gesto de rechazo y se pone en cuclillas, lo putea en una escotada aunque fluida parla. 

 Antes de incorporarse y caminar en diagonal al extremo derecho de la cámara, se pone el cigarro entre los labios. De ahí a la mano, el juego de acá y allá, al paso ve un espejo. Se para en seco y ve al flaco gesticulado, tirando lo habido y por haber en la mesita de luz contra la pared. Un tipo alza los hombros, y como no le responde, el flaco grita más y se golpea los costados como en una película de Chaplin (no se lo escucha) y se queja no man is an island, entire of itself, everyone is a part of the continent, a piece of the main tan patético, saca el encendedor de plata. Un tipo, mira el reloj, corre la cara del espejo y sigue caminando con medio pucho al aire y un costillar que lo espera al final de la cámara.”

Si quieren buscarlo, búsquenlo.

¿Qué esperaban? ¿Posta?

Jean-Luc Tarrou.