No importa no ser respetado

No importa si te arrojan barro 
¿Qué hay de malo en mi groove? 
NO IMPORTAN LAS BOLAS 


Podría estar salvando el rock and roll 
Podría ser una forma de salvarnos 
¿No oyes las voces del Tibet regañar 
a los que lo han hecho mal? 


Veinte años de lindas alemanas bailando con el pelo corto 
Ruido a cajas de cd’s chocándose 
¡Oh! en un tablón afuera del show 
  Nineteen  
    ninety  
 

 nine 

Te coronó en England rey del Ello un pogo  
de universitarios observado por periodistas musicales 

Lindos recuerdos 
¿Por acá? 


Cinco de la tarde  
tocaba la viola como un desaforado en el sucucho  
de Ventura. Tocaba tirado en esas arcadas llenas  
de inmundicia, lleno de bohemia y de olor a meo  


¿Quién osa ponerse saco y pantalones oxford todavía, en plena dictadura
del chupín? Tanguito tocaba la canción de su generación  
a pocos  
         pasos 

pasaba con mi mujer y mi bebé, arrastrando el carrito  
del Bienestar y el Progreso con la indiferencia del hombre  
de negocios, tapando “huele a espíritu adolescente”  
el odioso ruido de unas ruedas plásticas. ¡Qué careta! 


¿En qué momento te convertís en el hombre que pasea  
un carro con un niño adentro y bolsas y más bolsas  
de compras en el buche, impecable, sin olor a vino?  


El sueño estereotipado de tener una revista literaria y un cenáculo  

bardero, con colaboradores que mueran jóvenes y sin editar, ¿qué 

ha sido  

de él? ¿Cómo enloquecer en grupo si apenas 

podías mantener una charla de más de dos? Dilapidar  

                                    los años de bohemia. Envejecer  

sin haber curtido un mambo generacional,           oh sí. ¿Qué 

queda para los nietos? Lo siento por ustedes, mis herederos

 sin historia.