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Mi nueva vida en Chile: CAP 2. IDENTIDAD

Una de las preguntas que me hice en la entrada anterior fué: ¿Quien soy en esta nueva ciudad?.

La identidad es el conjunto de rasgos y caracteristicas, valores y creencias que definen a una persona o grupo. Dentro de la identidad existen tipos de identidad, por ejemplo la identidad personal, que es la idea y conciencia que tenes de vos mismx esto incluye tus gustos, tu forma de ser, tus metas y tus recuerdos.

Pero, ¿qué pasa cuando todo eso que conocemos cambia?

Esta idea de identidad en medio de un duelo migratorio hizo temblar mis estructuras, quizás porque una de las características de la identidad es que cambia y se adapta con el tiempo.

Y ahí empecé a preguntarme algo aun mas incomodo: ¿cuanto de lo que creo que soy, realmente lo elegí yo?

Porque detrás de cada crisis, tristeza o confusión aparece una nueva oportunidad de crecer, de entenderme a mí misma, y del dolor, de la nostalgia, del sentirme perdida, me empecé a encontrar con mi esencia.

Aunque ahora que lo pienso…¿qué significa realmente mi esencia?

¿Existe una versión verdadera de nosotros mismos escondida en algún lugar, esperando que la encontremos? ¿O también somos todo lo que vamos construyendo, perdiendo y reconstruyendo a lo largo del camino? No tengo una respuesta definitiva. Pero sí sé que, cuando llegué a Chile, empecé a descubrir una parte de mí que se había apagado casi por completo y yo ni siquiera me había dado cuenta.

Quien era yo en Formosa? La estudiante de la Unaf, la hija, la poeta, la que escribia un par de canciones, la que participaba en casi todo.

Pero también era la que muchos convencieron que no era buena en nada de lo que hacía. «No cantas bien», «no me gusta tu poesía» «No sabes ser vendedora, sos una vende humo», «No sonreis», «maquíllate no sos linda», «estas gorda», «estas flaca, estás enferma?».

Y sin darme cuenta, me fui apagando. Porque hay algo bastante poderoso en la mirada de los demás. Las personas que nos rodean pueden convertirse en espejos donde empezamos a reconocernos. El problema aparece cuando ese espejo está roto o deformado.

Y ahí aparece una idea que me resulta fascinante: ¿cuánto de nuestra identidad está construido a partir de la mirada de los demás?

Empece a entender y convencerme de que la mirada del otro no me define, que soy lo que soy, que te hago reir, que soy timida hasta que entro en confianza, que digo las cosas de manera graciosa, que a los chilenos…les gusta mi forma de ser, que me felicitan por ser buena vendedora, que estoy para mas.

Uf…hace unos dias, hablando con mis compañeras del laburo, me sorprendio el que me hayan echo notar todas de que les caigo bien, y empezaron a ver cosas que solo mi mama las veia y que me costaba creer que las tenia.

Resulta que soy una mina dulce, simpatica, muy pisciana, que aprendo rapido, que tengo potencial, y lejos de terminar siendo arrogante o agrandada, me dije a mi misma: Che…es verdad, estoy en un pais nuevo sola con un novio que me ama y me acompaña en todas, pero que al fin y al cabo el salir a la vida real es algo que me toca sola, y me la banco, y lo estoy haciendo bien.

Y si, soy buena trabajadora, che…yo en mi curriculum conté mis logros en las empresas, ¿por qué me convencí de que no era buena entonces?

Quizás porque la identidad también tiene algo de relato. Hay una historia que nos contamos sobre quiénes somos y, a veces, esa historia está escrita con las palabras de otras personas.

Durante mucho tiempo yo había aprendido a contarme una historia bastante cruel sobre mí misma.

Chile no me convirtió en otra persona, quizás simplemente me permitió volver a escuchar otras voces.

Y entre esas voces, por fin, pude volver a escuchar la mía.

Soy la formoseña valiente, la que pasó todas y sabe como ser resiliente, porque asi somos en mi provincia.

Quizás la identidad no consiste en permanecer iguales, sino en poder reconocernos a través de nuestros cambios.

Y si eso es así, entonces quizás migrar no sea solamente cambiar de país.

Es también cambiar de espejo.

Mirarnos desde otro lugar.

Creo que una de las cosas más extrañas y hermosas de migrar es irte de un lugar para descubrir que, en realidad, todavía tenías mucho por conocer de vos misma.

Pero entonces aparece una nueva pregunta, porque si ya no soy exactamente la que era y si tampoco soy completamente la que los demás decían que era…

¿en quién me estoy convirtiendo?

Quizás de eso hablemos en el próximo capítulo.

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