Renault 11
Hace poco aprendí a leer la hora en el reloj de la sala que en vez de números tiene palitos.
Durante mucho tiempo la pregunta fue por el ser de la literatura y después se pasó al para qué sirve la literatura. Más sensata que la anterior, esta pregunta dio lugar a muchísimas repuestas, casi infinitas según la posición adoptada. La literatura puede describir cómo echan humo las chimeneas de las fábricas o puede tomar la palabra para afirmar su propia imposibilidad de hablar.
El asunto es que, como designa un vacío, la literatura es siempre lo que pasó antes. Por eso se frustraron los intentos de fijar una definición. Cada vez que se dice “es esto”, la literatura ya está en otra parte.
Igual que en las Metamorfosis de Ovidio, cuando a Filomela le cortan la lengua y la encierran, pero igual se las arregla para contar su historia: la borda en una tela. Luego se convierte en ruiseñor, y quién sabe qué más ocurrió después.
Como en el mito, la literatura no tiene otra obligación que la de mutar. Dicho de otra manera, la literatura es siempre lo que está por venir.
Juan José Guerra
Hace poco aprendí a leer la hora en el reloj de la sala que en vez de números tiene palitos.
El humano era muy humano Y se volvió monstruo. El monstruo En parásito, El parásito comía la piel. . La
Me duele todo el cuerpo lo que pasó anoche me golpeó tanto que debí de quebrarme a la mitad mi
vértigo de realidad la delgada línea entre ser verborrágico y pedante el mañana no lo tenemos al menos eso dice
Mi piel rosada se sonroja cuando miras, son tan grandes tus ojos como luceros, ya no están. ¡Los luceros digo!
Volví, pero a qué costo? O quizás no lo hice y me reinventé en el proceso… Sí, creo que fue