Durante mucho tiempo la pregunta fue por el ser de la literatura y después se pasó al para qué sirve la literatura. Más sensata que la anterior, esta pregunta dio lugar a muchísimas repuestas, casi infinitas según la posición adoptada. La literatura puede describir cómo echan humo las chimeneas de las fábricas o puede tomar la palabra para afirmar su propia imposibilidad de hablar.
El asunto es que, como designa un vacío, la literatura es siempre lo que pasó antes. Por eso se frustraron los intentos de fijar una definición. Cada vez que se dice “es esto”, la literatura ya está en otra parte.
Igual que en las Metamorfosis de Ovidio, cuando a Filomela le cortan la lengua y la encierran, pero igual se las arregla para contar su historia: la borda en una tela. Luego se convierte en ruiseñor, y quién sabe qué más ocurrió después.
Como en el mito, la literatura no tiene otra obligación que la de mutar. Dicho de otra manera, la literatura es siempre lo que está por venir.
Juan José Guerra
No quiero que arda Troya Pero Paris actuó, dio razones para que así sea. Traicionó a sus aliados Y se
De un hachazo Separado para siempre De todo lo conocido Apartado de lo hecho Y lo proyectado Como si no
Propiedad te da miedo que lo tuyo sea más prestado a vos por noventa y nueve años que tuyo de
Las marcas de mi piel, las que resaltan las marcas más blancas: marcas como líneas que forman fronteras y
Me gusta el aroma dulce que desprende tu ropa y como tu pelo se despeina con el viento Me gusta
En tiempos de Perón, un viento de cambio acaricia las urnas, danza de esperanza, un sufragio femenino que, como llama,
Hoy celebramos, en un concepto único, a la mujer en su día. Sin embrago, soy de una generación intermedia, adquirí