El fuego que nos vio nacer (III)

V

¿Algún día volveremos a ser las mismas?
Hoy es nuestro segundo nacimiento.
Los caballos vinieron a buscarnos,
podemos escucharlos correr
hace horas, en el viento.
La sangre de la loba
todavía está fresca
en nuestras bocas.
Las frutas podridas
se encuentran más fácil
que las recién caídas del árbol.
¿Qué sacrificio podríamos haber mal hecho?
El hambre nunca será nuestra vergüenza.
Pero ahora vienen ellos con las crines de fuego
esperando que aparezcamos humilladas
como si hubiéramos hecho algo malo.
La supervivencia de las más débiles,
de las heridas, de las sangrantes.
Quizás ese fue el primer error,
pensar que debíamos seguir protegiéndonos,
ocultándonos en las sombras
para que el fuego no pudiera llegar a nosotras.

VI

Vos dormís tranquilamente en el cesped
y destruís las hojitas secas con tu peso.
Si mamá te mirara en este momento
diría que vos también sos una ramita rompiéndose.
Te dejo oculta en los árboles,
esperando que el dios Rax te proteja
y te beso la frente tiernamente
como si fuera la última vez
que nos vayamos a ver.
La espada en mano
es la primer victoria.

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