Fue la sangre lo que me salvó. La sangre, que me enloqueció desde el primer contacto y me convirtió, poco a poco, en una bestia.

Qué gran plan para Halloween es una ficción de vampiras. Lo pensé hace varias semanas y lo afirmo ahora. Para quienes gozamos de las poéticas monstruosas, como quien es fanáticx de su cumpleaños o como niñx yanqui esperando navidad, esta festividad excede La Noche de Brujas y acapara todo el mes. Spooktober, Shocktober, Horroctubre son los enunciados que toman las redes por varios días, e incluso, al conectarse con el tradicional mexicano Día de los Muertos, sigue su deriva intensa hacia Noviembre. Necesitaba una lectura como La sed de Marina Yuszczuk. Lo sospeché cuando la editorial Blatt & Ríos lo anunció: Una de vampiras. En octubre en librerías con un video que mostraba una tapa que conservaba un diseño similar a otras publicaciones, pero con las letras del título chorreando. Lo confirmé cuando el texto llegó a mi casa y leí la primera página (algo que suelo hacer antes de comprar un libro), cuando continué en los huecos de mis responsabilidades diarias, cuando me di cuenta que lo terminé muy pronto. 

  Es una novela sumamente atrapante desde el lenguaje. Tiene una forma de narrar con la capacidad de mostrar profundidad de distintos personajes, a través de las emociones y las fantasías, de los efectos en el cuerpo, de sus propias historias familiares, de los espacios que transitan, las decisiones que toman (y los momentos de confusión e incertidumbre) y cómo son vistxs. Sobre todo, en el desarrollo de la protagonista, cuya potencia es transformar a las personas y a las ciudades… además del vampirismo: contagia, en quienes la rodean, una situación de extranjería y de abandono de los límites de la moral. Hace que las mujeres, sus enamoradas, se acerquen a los lugares del peligro y hace que los hombres subviertan los valores que ellos mismos profesan, como es en el caso del cura y del médico. Aunque, en mayor parte, se acceda a la historia de ella, a sus viajes por Europa y su llegada a una Argentina de entresiglos, es preciso decir que se trata de vampiras, en plural y femenino. Lejos de un afán feminista radical, me refiero a que: 1) aparecen distintas mujeres transformadas en vampiras, que deseaban y no deseaban serlo, de modo tal que abre la posibilidad de un vampirismo en potencia que se muestra en la expresión erótica que inunda la novela; 2) antes de su arribo al país, escapa de la persecución de las instituciones cristianas que sacrifican otras de su especie y carga con las cabezas de sus hermanas, única memoria que le pertenece como ser animalizado que está lejos de las convenciones humanas; 3) en el relato de su propia ¿vida? hay lugar para la reflexión, de modo tal que leerla lleva a pensar en otras representaciones de vampiras, hacer contraste, hallar su particularidad.

   Hace pocos días, entrevistaron a la autora en Página 12, donde contó que estuvo leyendo a Drácula de Bram Stoker y Carmilla de Sheridan Le Fanu durante la escritura de esta novela. Una mención que me puso contenta porque había pensado en estas obras. Más allá de la felicidad ñoña, también es una especie de eco que enriquece la experiencia lectora. Una especie no, una intertextualidad, clara y rastreable. Probablemente todxs conozcan Drácula por una cuestión canónica y por la innumerable cantidad de representaciones alusivas. Por otro lado, no sucede así con Carmilla, una de las primeras novelas sobre vampirismo que tiene una protagonista vampira y a una víctima-amiga-amante, Laura. Se basó, al igual que Pizarnik en su Condesa Sangrienta, en Isabel Báthory, acusada de asesinar mujeres para hacer brujerías con su sangre. Y tiene una importantísima adaptación: Vampyr (1932) de Carl Theodor Dreyer. Poéticas monstruosas a (re)visitar. De estas obras, aparecen, en La Sed, elementos de las formas, de la organización de la narración, de la estética gótica, del grotesco y, en gran parte, el erotismo y la melancolía. En Carmilla, tenemos una narradora que habla de una enfermedad que la posee desde el dulzor y el ahogo. Al mismo nivel, describe la maravillosa belleza de su amiga que también hace visibles las miserias de su corporalidad convirtiéndose. En La Sed, continúa lo que inaugura Le Fanu, pero nada queda en el plano de la sugerencia, el deseo se nombra: Era casi imposible soportar la tentación de morderla, pero ¿a quién quería engañar? Hacía demasiado tiempo que no me tocaban, y lo sentí hasta la última gota. Ella jugaba, me arrojaba agua con las manos. Yo levantaba los ojos al cielo y miraba la luna. Y ni siquiera es la escena más profundamente erótica. Hay muchas y cada una tiene su desarrollo propio, detallado y capaz de varios efectos. Además, el erotismo de la novela trasciende el acto sexual, en tanto que las dos mujeres que son colocadas en la situación de narradoras pueden ver una sensualidad en las esculturas, por ejemplo. Una percepción indiferente al ser humano. También es posible pensar en (y sentir la necesidad de buscar) más representaciones de vampiras. En mi caso, en la literatura y en el cine, pero seguro puede extenderse hacia la multiplicidad de lo interdisciplinario. Incluso más allá de la intertextualidad, por emanación de archivo.

     Quisiera enumerar todo lo que vino a la mente en la lectura de este texto, no por una actitud hipster de acumular  títulos y nombres de memoria, sino porque me parece particularmente que la autora hace algo que aprendí, mediante Liliana Villanueva, de Hebe Uhart. En La Sed, se trabaja una figura recurrente sin renegar con altanería del cliché. Se toman los lugares comunes y se los expande, se los explora. Desde ahí, surge lo más rico de la novela: la voz de las narradoras y el cruce de imaginarios europeos con iconicidad argentina. Como dice mi amiga especialista en el género fantástico, Lina Durán: hay que reinventar las mitologías. Y cómo son las casualidades: este mes leí por primera vez Historia Universal de la Infamia de Borges, que también trae este procedimiento de mezcla entre culturas y las orillas como ideologema. Si bien se produjo en el siglo XX, trae muchos elementos del imaginario del XIX, presente de gran parte de la narración de La Sed. En este sentido, se hicieron muy fuertes las imágenes del agua, de los puertos, del barro, del arrabal. Me gustaba recorrer la zona del puerto, llegar hasta el borde del río para imaginar el viejo castillo en el que habían trascurrido mis primeros siglos y saber que un océano nos separaba. Subrayé esta oración y le escribí la famosa frase de la película de Coppola: I have crossed the oceans of time just to find you. Y más adelante resalté estas, que recuerdan a la vampira de A Girl Walks Home Alone at Night: Cubierta por una capa raída deambulaba bajo los faroles de gas, que parecían nuevos. Por la noche la ciudad era silenciosa, aunque no faltaban los gritos, la música de un baile o el traqueteo de algún carro que cruzaba las calles desparejas con sus ruedas enormes. De vez en cuando llamaba la atención la presencia de una mujer sola en las calles, a la noche, cuando todas las damas decentes estaban recluidas hacía varias horas en sus casas. Pero yo me encargaba de que el impertinente que se acercaba para dirigirme la palabra no volviera a preguntar más nada.

Descubrimientos a partir de la sed de búsqueda que despierta la obra: Thanatopía de Rubén Darío, un cuento que tiene como protagonista una mujer monstruosa, con un olor horrendo que atrae a sus víctimas. The Vampire Lovers, una película que trabaja sobre Carmilla mostrando más explícitamente el lesbianismo de las personajes. Tablas de Sangre de José Rivera Indarte, un panfleto de un opositor de Rosas: en un gesto barroco de multiplicación del color rojo, le adjudicó muertes naturales, muertes falsas y escribió que matarlo sería una “acción santa”. Son pocas las obras que, en una fina escritura, abren una curiosidad hiperbólica. 

    Como decía antes, la novela tiene personajes vampíricos que lo modifican todo a su alrededor, probablemente uno de los aspectos más interesantes del monstruo. Vemos cuando alguien cambia, pero sobre todo que elige sostener ese cambio más allá del segundo en el que todo arde y desde el deseo que aquello dispara. Pienso, ahora, que lo erótico se desarrolla también en ese plano. Pienso en la personalidad de la vampira extranjera que tiene, incluso en su pretensión de invisibilidad, una pulsión de incomodar a todo el mundo. Yo quería gozar, pero también quería verlo arrastrarse como un perro, y a ese dios clavado en una cruz que me miraba en diagonal desde el altar iluminado lo miré desafiante; aunque no existiera ni estuviera en ninguna parte, yo quería ofenderlo. Se lo merecía. Sus amantes mujeres no reaccionan de una forma pasiva a sus poderes de atracción y su potencia oscura, devuelven violencia y resistencia, para luego elegir si decir sí, con vos voy a poder. 

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#Infernaliana es una serie de escritos vinculados a un proyecto de difusión de poéticas monstruosas. Se trata de visibilizar autorxs, revisar el canon, comentar lecturas actuales. Sale cada dos semanas en Trafkintu.