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El Turco, La Bruja y el Comisario

La Desaparición de los Mercachifles y la cacería Implacable de Torino:

En las áridas mesetas de la Patagonia argentina, específicamente en la provincia de Río Negro, se desarrolló entre 1904 y 1909 una serie de crímenes atroces que involucraron asesinatos, robos y rituales caníbales. Una banda de delincuentes, liderada por la machi mapuche Antonia Guanche (conocida como Macagua), atrajo, mató y mutiló a decenas de mercachifles, vendedores ambulantes de origen sirio-libanés denominados «turcos» en la época. Este caso se centra en la desaparición de José Elías y en la investigación dirigida por el comisario José Torino junto a sus diez ayudantes, según se detalla en el sumario judicial del Archivo Histórico de Río Negro y en reportajes de la época como el de la revista Caras y Caretas del 5 de febrero de 1910.

José Elías, un mercachifle sirio-libanés y cuñado del comerciante Salomón Daud, partió en agosto de 1907 desde General Roca con su carro cargado de telas, herramientas y baratijas, acompañado por su empleado Ezen. Estos vendedores, financiados por sus comunidades de origen, recorrían rutas precarias anunciando su llegada con el silbido característico del «chifle». Tras semanas de viaje, José Elías y Ezen no regresaron. Sus pertenencias y animales fueron hallados abandonados cerca de Lagunitas, un pequeño asentamiento en la Línea Sur rionegrina. No había rastro de los hombres. La denuncia formal llegó el 15 de abril de 1909, presentada por Salomón Daud en El Cuy, un pueblo de apenas 150 habitantes. Daud reportó la desaparición de su cuñado y empleado, sumándose a otras quejas similares. Un colega, Eldahuk, afirmó que al menos 155 miembros de la comunidad otomana habían desaparecido desde abril de 1907, mientras que Daud estimaba 60 casos.

Los rumores circulaban desde 1905: los mercachifles que se internaban hacia Lagunitas, Lanza Niyeu y Sierra Negra no volvían. El gobernador Carlos Gallardo, presionado por la comunidad sirio-libanesa, designó al comisario José Torino (un oficial robusto, de rostro severo y experiencia en la frontera) para resolver el misterio. Torino partió en mayo de 1909 con diez ayudantes leales, expertos en el terreno hostil y el clima implacable de la región. La investigación fue ardua. Torino siguió la ruta de los mercaderes desde General Roca, interrogando a pobladores en Lagunitas y revisando puestos comerciales sospechosos. En uno de ellos, Nazarino Contin y José Inda (dueños de un almacén) fueron encontrados con mercancías de víctimas a precios por debajo de lo razonable para la época. Bajo presión, incluyendo métodos duros, confesaron haber comprado bienes robados. Un testigo clave, Juan Aburto (un mapuche arrestado por otros delitos), reveló detalles de un asentamiento en Sierra Negra, una comunidad mapuche donde se habían cometido crímenes días antes. Allí se develó el horror.

La banda estaba liderada por Macagua (Antonia Guanche), una machi chilena de origen mapuche que padecía tuberculosis y sífilis, y que se presentaba como curandera y hechicera. Dirigía a unos 50 miembros, muchos trashumantes chilenos y pastores pobres, incluyendo a Pedro Vila, Ramón Sañico, Bernardino Bulto, Julián Muñoz, Francisco Muñoz y otros malvivientes. Invitaban a los mercachifles con asado de cordero, vino y mate. Una vez confiados o embriagados, los asesinaban a tiros en el rostro o estómago para mantenerlos semi-vivos, abrían sus cuerpos y extraían corazones latiendo, penes y testículos. Macagua cortaba personalmente estas partes, las disecaba para amuletos de «gualicho» que prometían invencibilidad, prosperidad en el robo o virilidad, y las consumían en rituales caníbales. No era por hambre (tenían la mercancía y el ganado robado), sino por creencias en la brujería y por xenofobia. Julián Muñoz confesó: «Antes comíamos corazones de cristianos, pero de turco no había probado… ahora voy a saber qué gusto tiene», refiriéndose al corazón de José Elías. Francisco Muñoz admitió decapitar y cocinar víctimas, mientras que otros hablaban de desayunar «filetes de turcos» por miedo a los hechizos.

Torino y sus hombres irrumpieron en Sierra Negra: destruyeron toldos, dispararon al aire para generar pánico y obtuvieron confesiones. Arrestaron a más de 70 personas, hallando huesos carbonizados, harapos, órganos secos, collares de trofeos y pertenencias de víctimas como las de José Elías y Ezen. Se estimaron al menos 155 asesinatos, aunque el sumario documenta casos concretos desde 1904.

Macagua fue localizada en su toldo en Sierra Negra, postrada y con apariencia de anciana moribunda, aunque rondaba los 40 años. Torino la consideró inofensiva debido a su tuberculosis avanzada y no la arrestó de inmediato, describiéndola como una mujer vieja e inválida. Sin embargo, semanas después circulaban informes de que deambulaba sana por el desierto. Una comisión encontró el asentamiento deshabitado; se sospecha protección de figuras poderosas como Pablo Breñavez, un juez local casado con una mapuche y acusado de comprar mercancías robadas y pociones.

El desenlace fue amargo. Muchos capturados fueron procesados, pero las confesiones se declararon inadmisibles por tortura, según el fiscal federal Víctor Villafañe, quien renunció en diciembre de 1911 al encontrar evidencia insuficiente. El juez Torres fue removido en abril de 1912 por acusaciones de destruir pruebas. Todos los sospechosos restantes fueron liberados en mayo de 1912; algunos murieron en custodia por condiciones insalubres.

Esta historia, documentada en archivos judiciales y publicaciones como Caras y Caretas, revela las tensiones en una frontera marcada por pobreza, xenofobia y superstición. El Turco mercachifle buscaba sustento; halló muerte en un ritual. La Bruja Macagua y su banda, escaparon en gran parte gracias a la justicia de la época. El Comisario Torino, inicialmente héroe, perdió su cargo, fue arrestado y juzgado por abusos de autoridad. Las familias sirio-libanesas, unidas, recolectaron fondos para abogados, pero el caso nunca se resolvió por completo, dejando un legado de impunidad en las mesetas de Río Negro.

Patricio

La verdad es libertad, la mentira es la prisión, y tu mente tu realidad.

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