
El Hambre. El Vacío.
Miércoles 11
“El dolor que sentís hoy, es la fuerza que vas a sentir mañana”
Cinco en punto: Levantarse, estirar y meditar.
“Inspirate con el miedo a ser mediocre”
Cinco y veinticinco: Baño de agua fría, ejercitar la respiración.
“No te detengas hasta que estés orgulloso”
Cinco y cuarenta: desayuno.
“Sacanos de acá”
Toda una rutina diseñada para alejarse del promedio, acercarse a la excelencia y mantener el equilibrio. Sabe que su vida lo hace más solitario. No le gusta, pero lo prefiere así.
Día tras día y año tras año, ha mantenido la disciplina que lo ha mantenido a él como persona. Construyendo los hábitos que constituyen su orgullo. En el barullo de la sociedad, Marcos se siente un titán. Un gran danés entre perros falderos.
-Estás pálido, Marcos. ¿Todo bien?
“Es nuestra luz, no nuestra oscuridad lo que más nos asusta”
-Sí, sí. Tranqui. Me cargo agua y sigo con los ingresos.
-Metele boludo, que Marce estaba caliente con vos el otro día por lo de-
-Manejá tu autito, Juli. Lo de Marcelo fue una boludez. No te preocupes.
Julieta revolea los ojos mientras se retira a cumplir sus obligaciones “divino como siempre, la concha de tu madre”. Piensa.
Marcos no la mira. Llena su termo y se encamina a la entrada del galpón, donde lo espera un camión lleno de aberturas de aluminio para descargar.
Siete en punto: Llegada al trabajo.
“El secreto del éxito es la persistencia por la meta”
Siete y cinco: Descargar aberturas.
“Todo lo negativo es una oportunidad para crecer”
Ocho y cuarenta: Descargar cajoneras.
“Si caíste ayer, ponte en pie hoy”
Nueve y media: Descargar sillas.
“La única manera de ganar fortaleza mental, es haciendo cosas que no te agradan”
Diez y veintidós: Cargar el termo, aguantarse a la hincha pelotas de la encargada. Descargar armarios.
Cerca de las doce del mediodía, Marcos termina con el último cargamento. Revisa el cronómetro en su reloj inteligente: Una hora con veinte minutos, cerca de su mejor tiempo. Puede mejorar. Solo tiene que esforzarse un poco más.
Se sienta en la vereda y respira el smog fresco de la ciudad. Sus brazos están hinchados y su espalda está gritando. La chomba naranja de la empresa está marcada por el sudor. Por más que intente, no puede lavar por completo las manchas de sus manos. Escucha a sus compañeros bromeando y riendo y sabe que en algún momento lo van a nombrar. Se van a reír de él, lo sabe. La encargada, el gil que acomoda lo que él descarga, el forro de la computadora. Todos ellos. Mediocres y sin ambición. Ya van a ver.
Ya van a ver.
«El verdadero fracaso es renunciar»
Tres y media: Terapia.
-Capaz Juli te quería ayudar nomás, ¿no te parece?
-No.
– ¿No lo ves siquiera como una posibilidad?
-No, no. está todo el tiempo buscándole el pelo al huevo. Si no es por una cosa, es por la otra. Siempre va a haber una excusa para retar a alguien si te ponés así de hinchapelotas.
-Pensá también que corregirte es parte de su trabajo. Ponerse en ese rol y “buscarle el pelo al huevo” como vos decís. No lo tomes personal.
Tres y cuarenta y cinco: Quizás no es personal.
– ¿Tuviste algún otro sueño como el que me contaste la sesión pasada?
-Parecido.
– …
– …
– ¿Tenés ganas de contarlo?
– Estaba peleando con alguien. Estábamos en un galpón… Grande, oscuro. Mientras peleábamos, el otro-
– ¿Quién era el otro? Perdón que te interrumpa.
-No sé, no le podía ver la cara. El otro, mientras peleábamos, estaba llorando. Lloraba y me pedía perdón todo el tiempo. No paraba.
-Quizás este otro no quería lastimarte.
-…
– ¿Te suena de alguien?
-…
“Sacanos de acá”
– ¿Pasaba algo más en el sueño?
-El otro se desvanecía, como en humo. Yo podía sentir que estaba ahí, pero no lo podía agarrar, yo lo golpeaba, pero el humo… No sé, como que me envolvía, pero no me hacía nada, yo lo odiaba. Seguía pegando, pero no sentía el impacto. Lo odiaba. Mucho. Quería agarrarlo y no podía. Lo odiab-
– Te frustró, sí… Escuchame, ¿Hubo alguien en tu vida que te haya hecho sentir así? Puede ser alguien que te haya lastimado sin quererlo, o que se arrepintió de hacerlo y no querés perdonar.
-…
– ¿Marcos?
“Vos no sos nada”
– Marcos, escúchame ¿En qué estás pensando?
“Quedate quieto”
– No es la primera vez que lo hablamos Marcos, no puedo ser yo quien te lo diga
“Sacanos de acá”
– Bueno, hablemos de otra cosa, ¿Sí?
-…Sí.
Cuatro y media: Llegar a casa, lavarse las manos.
Jueves 12
“El dolor que sentís hoy, es la fuerza que vas a sentir mañana”
Desayuno: té verde con frutas.
“Nadie sabe lo que cargás”
Almuerzo: Arroz con brócoli, zanahoria y pechuga de pollo hervida.
“Nadie sabe lo que sufrís”
Cena: ensalada de atún.
Marcos está irritado, pero lo niega. Se lo niega a sí mismo cuando el espejo le muestra una mueca deformada de su persona. Se lo niega al té caliente que se le derramó en la mano por caminar muy rápido y se lo niega al mundo cuando la gente en la calle camina más lento que de costumbre.
Asegura ser impoluto, impenetrable, absoluto.
Marcos da pasos alargados, decididos, fuertes. Pasos en serio. Pasos de gente que se toma en serio. Son los pasos de un gran hombre en el cual no entran las dudas.
Marcos está calmo. Insiste. Sus impulsos no son quien es.
A veces, de forma inesperada y mientras está haciendo su vida normal, su cervical empieza a doler. Una lesión vieja, ya recuperada, pero que a veces rezonga.
A veces, de forma inesperada y mientras está haciendo su vida normal, sus hombros pesan lo que montañas. Su boca no puede hablar y sus piernas tambalean.
A veces, de forma inesperada y mientras está haciendo su vida normal, tiembla. Sus ojos lloran (Él no. Sus ojos.) y no sabe por qué.
Mantiene la compostura. O solo la sostiene levemente, con la fortaleza de una telaraña. Una a la cual un suspiro en el lugar correcto destruiría por completo.
Siete en punto: Llegada al trabajo.
“El secreto del éxito es la persistencia por la meta”
Siete y cinco: Descargar colchones.
“Sacanos de acá”
Ocho y cuarenta: Descargar somieres.
“Si caíste ayer, ponte en pie hoy”
Nueve y media: Descargar lo que mierda sea que venga ahora.
“No me olvides”
Doce y cuarenta y siete: esto es tu vida.
“No”
Viernes 13
Dos de la mañana: Llegó.
Un destello de violencia se apodera de su cuerpo. Algo atroz lo perseguía.
Algo atroz lo alcanzó.
Grita. Se sacude. Intenta zafarse de aquello que lo tiene preso, como si un enjambre de insectos lo cubriera desde debajo de su piel.
Poseído por sí mismo, se retuerce espasmódicamente. Incapaz de despertar, aúlla. Ese es su auxilio.
Cae al suelo y se empuja a sí mismo contra la pared usando toda su fuerza. Solo entonces despierta.
“…”
Por fin.
Dos y cuarto: cambiar las sábanas
– Sí, sí. No pasa nada, ya está bien. Mil disculpas por despertarte, Laura… No, no. No hace falta, no te preocupes, es como lo del año pasado… Sí, sí. Un susto nomás. Disculpá que te haya despertado… Gracias, gracias, que descanses vos también.
“…”
Marcos bebe de su taza con té. Le duelen el cuello y la espalda, es el aniversario, por fin. Cronometrado al segundo.
Tiene una cicatriz en su cuello. Dos cortes forman una cruz por detrás de su oreja derecha. Esta herida cumple hoy cinco años como parte de su fisionomía, pero cada trece de noviembre vuelve a sangrar profusamente. Servilletas y agua oxigenada lo acompañan hasta calmar su angustia
Cada trece de noviembre, el cuerpo recuerda. Vuelve al lugar de los hechos como un adicto a su veneno. La adrenalina se dispara y los músculos se excitan. siente gritos sin escucharlos. Intenta huir de las arañas bajo su piel. Por segundos, lo recuerda todo.
Por segundos, él está ahí.
El tiempo se dilata y comprime, recuerda lo que hizo, recuerda que su cruz sangra porque así lo merece, porque esa cruz la crearon sus acciones y las consecuencias de un descuido. Recuerda que, por más que lo intente, siempre va a ver sangre en sus nudillos y tierra en sus falanges. Sus ojos no van a dejar de ver la muerte cuando se busquen en un reflejo. Su maldición es la conciencia, su penitencia es el recuerdo, su lucha es su único orgullo.
Marcos recuerda los dichos de quien vino antes que él. Intenta volver a esas palabras y encontrar algo que no escuchó entonces. Al llegar el momento en su adolescencia, se le fue confesado que sus sospechas eran ciertas. Que algo tenía de distinto, que no era como el resto del mundo. Quizás fue para peor.
Busca en un cajón de su escritorio. En la carpeta de recibos y facturas, atrás de todo, en un sobre de papel madera. Dentro, doblado y ajado, hay un trozo de papel. Un fragmento arrancado de una carta vieja. Y sobre la cual se construiría su yo.
“Cuando naciste, estuviste despierto una semana entera. Nadie nos creía. Eras imposible. Nos dormíamos con tu llanto y nos despertábamos con tus gritos. Nunca te quedaste sin voz. Tuvieron que darte pastillas o que se yo que mierda para dormirte al menos un rato. En algún momento se ve que asociaste o no sé qué mierda hiciste, pero entendiste que cuando se hace de noche tenés que descansar. O al menos hacer silencio. Porque no sabías dormir, no de verdad. Cuando aprendiste a hablar decías “me voy a respirar”. Lo decías irónico, sabiendo que no era normal. Nunca tuviste sueño.
Nunca estuviste dormido.
Estabas esperando.
Otro fragmento.
No te podíamos despegar de la teta. Le tenía que decir yo a mamá que te deje porque se hacía mal a ella. Pobre. Ni bien te separaba, empezabas a llorar como un salvaje. Como si nunca te hubieses alimentado. A eso también aprendiste de más grande.
A fingir que ya tuviste suficiente. Que no necesitás más, porque tu hambre era incómoda.
Hijo, Nunca te ví con sueño. Tampoco te vi saciado. No sé si le podés dar un significado a esas palabras. Capaz es mi culpa, por hacerte así, por darte mi sangre. No sé si sos a pesar de mí o gracias a mí. Pero sé que algún día nos vas a perdonar.”
Ridículo. El resto de la carta no le importa. Nunca lo hizo. Nada de lo que le pueda decir la figura de la carta tiene ahora algún valor. Lo único que le dejó su autor es la tierra de sus dedos y la sangre en su cuello. Aun así, Marcos no puede destruir esa carta. Le recuerda de donde viene y eso es suficiente para recordarse hacia donde va.
“No sos tu pasado, pero no podés dejarlo ir”
Tres y cuarto: Homeostasis. El mundo sigue girando.
“El dolor que sentís hoy, es la fuerza que vas a sentir mañana”
