Literatura

Lástima (r) (se)

Sabés a ciencia cierta
que la contracción muscular
es todo lo que te queda.

Te vas a tu isla desierta 
y tu inacción en particular
es producto de tu ceguera.

Exorcizaste el recuerdo cien veces
y ciento una te volvió a buscar,
fingiste ser cuerdo cien veces
y ciento una volviste a aullar.

Te pasaste, tus venas dilataste,
armaste una barrera para que la pena
vea que no puede alcanzarte y ponerte correa
Levantaste sobre tu cabeza el peso de diez hombres
Y a media noche un suspiro supo derrotarte.


Te perdiste, a los astros pediste,
que se manifieste lo que tu mente siente
frente tuyo y produzca un verso coherente
caminaste todas las rutas sin llegar a roma
por no saber dónde llevar los restos de lo que hiciste.

En un día cercano te va a tocar la angustia
espero que estés listo para ser visto y probado.
No quisiera estar en tu lugar cuando eso ocurra
puesto que no sé quién pudiera soportar tu legado:
tus acciones tus golpes tus sesgos tus impulsos
tus temores tu norte, tu viento, tu rabia, tu pulso.
La sangre dentro y fuera de tu cuerpo que llama a ser acompañada,
tu hambre del encuentro al epicentro de un cuerpo y un alma masacrada.
La urgencia de violencia y la angustia por la culpa carcomiendo un cuerpo vivo,
la demencia de una existencia que se autoinjuria por ajusticiar un hecho compulsivo.

Espero que puedas responder a la pregunta que te hace cada persona que tiene la compasión de darte dirección y echarte un cable:
¿Por qué insistís en suponer que una lanza y su punta son lo que perdona y no la preservación de la razón y un corazón amable?

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *