Sociedad

Mientras miro las nuevas olas

“Hace unos días fui a ver a Serú Girán”. Así se lo mencioné a la gente con la que saqué el tema. A ninguno le llamó la atención algo que no deja de darme vueltas a la cabeza desde esa noche. Que al logo de la banda, sacado del álbum en vivo “Yo no quiero volverme tan loco”, al logo de la banda se le agregaba una aclaración: “por Lebón y Aznar”.

Lo pensé cuando compré la entrada. Cuando caminaba por Corrientes para entrar al Movistar Arena y sonaba “Viernes 3 a.m.” en un bolichito vecino. Cuando los vi a David y a Pedro entrar al escenario, cada uno desde una punta distinta, y cuando los vi marchándose, también por separado. Cuando observaba al público y me daba cuenta de que yo debía ser de los más jóvenes, sin ser joven en lo absoluto.

Lo que no dejo de pensar es que todo esto no fue en tiempo presente. Se trató de un encuentro para recordar. Un espectáculo excepcional, debo decir, desde el repertorio hasta la puesta en escena y, algo que no suele abundar, en el hecho de tocar bien. Pero me vi asistiendo a un homenaje. Eso me estremeció. Me imaginé a quienes fueron a ver a Serú Girán a fines de los 70, y se podían preguntar dónde volverían a tocar, cómo sería el siguiente disco, si se iban a separar y si sus carreras solistas estarían a la altura. Esa noche, puedo asegurarlo, nadie se hizo esa clase de preguntas.

Faltaban Moro y Charly. Uno fallecido, el otro ya imposibilitado. En un momento, Aznar dijo: “los siguientes dos temas demuestran que él es un compositor a nivel mundial”. Tocaron entonces “Cinema verité” y “Desarma y sangra”. Dos interpretaciones hermosas…de eso se trató, de interpretaciones. Detrás, en las pantallas, se veían fotos de Charly, posando solo, tomado por sorpresa mientras charlaba con alguien más, tocando con la banda. Con la banda que estaba tocando ahí en vivo, sin él.

Juanito Moro, hijo de Oscar, tocó dos canciones. Las tocó como tocaba Moro, con esa marea de golpes tan fluida que parecía cantar también. “Cuánto tiempo más llevará” y “No llores por mí, Argentina”, para después irse todos dejando a pantalla completa la imagen en blanco y negro de Oscar Moro.

A Lebón se lo notaba afectado, triste. No sé qué le sucedía o le sucede, pero algo se pudo entrever cuando entre tema y tema insistía en agradecer al público por estar ahí, en decirle que los quiere mucho y, sobre todo, cuando mencionó el muñequito que le regaló su nieto y él lleva a todos lados para aconsejar que es importante dejar un poco de lado la cabeza (lo hizo haciendo el gesto de golpearse ahí) y volver a ser niños (apuntándose al corazón). Que todo va a estar bien, nos remarcó después levantando los dos pulgares.

Pedro parece sostenerlo todo. Las notas a las que Lebón no llegaba, las remasterizaciones de los dos primeros discos, las canciones mismas cuando en el 92 parecía imposible que pudiese completarse el recital en River. Siempre me sorprendió su capacidad para interpretar a otros. Desde la celebración a Spinetta hasta las presentaciones con Charly en las que él debía hacer de Charly. Tocó “Déjame entrar”, y lo hizo agregándole un verso al principio: “si esto sigue así como así, ni una triste sombra quedará”. De eso se trata interpretar, de señalar lo que quizás deba volverse a escuchar con oídos del presente.

Música de hace cincuenta años. Yo los conocí en el colegio, cuando era música de hace 35 años. Y esa noche estuve ahí, como todos los demás, para recordar. Nunca había visto a Serú Girán en vivo. Por suerte llegué a tiempo.

Sergio Lurz

No ha realizado grandes contribuciones hasta el momento y se espera que continúe así.

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