Nunca esperé a nacer pero espero para morir
Nunca esperé a nacer pero espero para morir, entre los techos de las casas, los cauces del río, el mar
Nunca esperé a nacer pero espero para morir, entre los techos de las casas, los cauces del río, el mar
Cuando uno nada siempre destaca uno de dos momentos: el ser capaz de ver, en el agua, aquello que está
Llevo conmigo palabras ahogadas, que a pesar de ser tantas, resultan insuficientes para explicar lo que atraviesa mi cabeza Se
Bailan tus cabellos entre mis dedos y sonrien tus ojos morochos bajo el brillo de la luna Se sueltan mis
Me despediste como canción que se tararea porque no se recuerda su letra, aquella que repercute, pero no se escucha.
Muy certero diccionario, aquel que define “belleza” con tu nombre, pero muy sin vergüenza de su parte, el declarar que
Que mágico fue lo nuestro ¿No? Ese misticismo del no decir y entender, de sentir sin exigir, de ser sin