Ella estaba sentada a la mesa con cuatro hombres. Muy amables ellos. “¡Vos tenés cara de Flor!”, le dijo uno. Después de invitarla a cenar, dos de ellos volvieron al hotel. Los otros dos la acompañaron a un pub. A uno le dolía la garganta y se fue temprano. Ella se quedó con el otro. Se contaron los viajes: él habló de Sudáfrica, ella de Londres. Jugaron al flipper. Cuando la noche ya era día volvieron al hotel. Ella caminaba con su sombrero por el pasillo y él le dijo “Yo duermo con vos”.