DOS HORAS
Aquel día fue raro para ella. Se fue de su trabajo en silencio y tomo el subte como siempre.
Llegó a casa sin mirar el reloj. Dejó caer sus cosas en el piso, como si pesaran más que de costumbre, y se tiró al sillón con la ropa de trabajo. Encendió la televisión y subió el volumen para silenciar el ruido de la calle que a pesar de tener cerrada la ventana, aun sonaba en su cabeza, esos ruidos de bocinas, murmullos.
El celular vibró varias veces, moviéndose dentro de su cartera. Pero ella no respondió. No leyó. No atendió. Una película captó su atención. Dos horas. Nada más que dos horas. Dos horas sin deberes, sin respuestas, sin relojes.
Dos horas de ella consigo misma.

