VIERNES
Para llegar al viernes, ese día tan esperado por muchos, hay que atravesar mucho más que la rutina. Es aprender a no acordarse, a no proyectar nada, a sobrevivir sin mirar demasiado adelante.
La mochila de problemas y horarios rebalsa el estado de ánimo. Se camina con el cuerpo, pero la mente se arrastra.
Y entonces llega: el viernes.
Ese día en que uno pone en pausa la semana, se saca los zapatos del deber y vuelve a su lugar seguro.
La tranquilidad.
Pensar sin pensar.
Respirar sin apuro.
Ser sin exigencia.
El viernes es un premio en silencio para quien sobrevivió a la semana…

