Recetas

No es casualidad que haya artículos y recetas de cocina en una página más o menos literaria. Desde hace cientos de años se ha elegido para hablar de estética, de manera privilegiada, la metáfora del gusto y sus connotaciones saborizadas. Tanto es así que (como suele suceder) olvidamos que es una metáfora. Las teorías en torno al gusto (sobre gustos hay mucho escrito) casi nunca se refieren a ese sentido que entra en juego cuando se come y se paladea algo, sino a la fruición artística que involucra a otros sentidos. Tampoco es casual que en literatura se hable de las posibilidades de la lengua y de los lenguajes, cosa que muy indirectamente se refiere a ese extraño músculo de la fonación (también importantísimo a la hora de clasificar sabores y deglutir) sino a la voz y al habla. De todas maneras, cualquier cosa que se diga o escriba en relación a la comida, sus placeres o displaceres, funciones, instrucciones y usos será mejor que “gastronomía”, que evoca la equívoca imagen de ese estómago sinuoso y amarillo de las láminas escolares. Mencionaré, a la pasada, otra cosa en común entre el arte (de la escritura) y la cocina: la alquimia. Trátase en los tres casos de combinar especias, friccionarlas, calentarlas y destilarlas observando ciertas tradiciones, considerar si el resultado es más o menos justo y aceptar el dorado fracaso.

 

Belén Estrella

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