Conversaciones imaginarias
I Cómo estás, digo. Salen las palabrasde mi boca porque sí, espontáneas,al azar en el día: cómo estásle pregunto al
Durante mucho tiempo la pregunta fue por el ser de la literatura y después se pasó al para qué sirve la literatura. Más sensata que la anterior, esta pregunta dio lugar a muchísimas repuestas, casi infinitas según la posición adoptada. La literatura puede describir cómo echan humo las chimeneas de las fábricas o puede tomar la palabra para afirmar su propia imposibilidad de hablar.
El asunto es que, como designa un vacío, la literatura es siempre lo que pasó antes. Por eso se frustraron los intentos de fijar una definición. Cada vez que se dice “es esto”, la literatura ya está en otra parte.
Igual que en las Metamorfosis de Ovidio, cuando a Filomela le cortan la lengua y la encierran, pero igual se las arregla para contar su historia: la borda en una tela. Luego se convierte en ruiseñor, y quién sabe qué más ocurrió después.
Como en el mito, la literatura no tiene otra obligación que la de mutar. Dicho de otra manera, la literatura es siempre lo que está por venir.
Juan José Guerra
I Cómo estás, digo. Salen las palabrasde mi boca porque sí, espontáneas,al azar en el día: cómo estásle pregunto al
En este mundo hay diversos tipos de personas. Aquellas que si son molestadas simplemente lo dicen, lo demuestran y se
Yo entre autos que van y vienen Tres millones ochenta y un mil personas y jamás me sentí tan sola
En las puerta del cementerio venden flores de colores cemento en serio En las puertas de la Iglesia una familia
Dijiste que seriamos por siempre, más nunca aclaraste que esa longevidad sería solo valida en recuerdos ¿A dónde has corrido?
Hoy es de esos días bañados en el deseo de volver a despertar, quedándose con la idea de que todo
Quizá, el peor chiste cual nos lo relate aquel delirio denominado vida, sea el colmo de la guerra, donde la
Nosotros, los aborrecedores de la lluvia, no tenemos remedio, ya que, por más de tener de medida preventiva salir todos
Fue solo sexo. Me agarró de la cintura, nos movimos de manera natural y golpeé accidentalmente el cabezal de la
Ya no duele. Me acostumbre a despertarme, una y otra vez, culpando aquel, delirante, destello, cual invade por la tímida