Otra vez
-¿Estás despierta? -susurre a su oído. -Si. – dijo. Yo no la podía ver. Ni ella tampoco a mí. Pero
tenés la boca de un ángel promedio y el corazón frito de un mal augurio si voy buscando promesas nuevas
Lectoescritura; vana palabra. Cuando leo, me escribo, se me escriben las venas como río de tinta y mis piernas toman
Me rebalsan los insomnios de las bolsas de compras fundamentales. Mis ojeras se escapan de mis tierras y se nacionalizan
¡Cuánto has vivido, Ernesto! Y sin siquiera desearlo. Centenario Ernesto, Erguido en hierro Ernesto, Es un monumento a la vida
vas a descubrir mis máscaras vas a hilar fino probablemente no te guste lo que hay debajo de la piel
Uno Un joven físico en el campo juntaba limones con un libro en la mano todos los días. En la