Misiones, El Niño Perdido y Belgrano (relato)
Horacio Quiroga escribió en el cuento «Yaguaí»: (…) las palmeras negras, recortándose inmóviles sobre el río cuajado en rubí, infundían
Durante mucho tiempo la pregunta fue por el ser de la literatura y después se pasó al para qué sirve la literatura. Más sensata que la anterior, esta pregunta dio lugar a muchísimas repuestas, casi infinitas según la posición adoptada. La literatura puede describir cómo echan humo las chimeneas de las fábricas o puede tomar la palabra para afirmar su propia imposibilidad de hablar.
El asunto es que, como designa un vacío, la literatura es siempre lo que pasó antes. Por eso se frustraron los intentos de fijar una definición. Cada vez que se dice “es esto”, la literatura ya está en otra parte.
Igual que en las Metamorfosis de Ovidio, cuando a Filomela le cortan la lengua y la encierran, pero igual se las arregla para contar su historia: la borda en una tela. Luego se convierte en ruiseñor, y quién sabe qué más ocurrió después.
Como en el mito, la literatura no tiene otra obligación que la de mutar. Dicho de otra manera, la literatura es siempre lo que está por venir.
Juan José Guerra
Horacio Quiroga escribió en el cuento «Yaguaí»: (…) las palmeras negras, recortándose inmóviles sobre el río cuajado en rubí, infundían
Nadie va a venir hace frío y es de noche y la humedad me molesta en los pulmones desde donde
El fantasma de mí sale soy una réplica de ese espectro o ese espectro es mi clon Recorre la noche
Deberías dejar de hacerlo. Dejar de hablar sobre mí. Tengo voz aunque no la distingas. Puedo contar la historia. Hablar
Rosa santa. Tormentosa. Pronta tu tormenta de pétalos sin rosas. Agosto en tu presencia calman tus tormentas. Remolinean las hadas
Te almásiento, te subsúrrigo en silencio y vos huís en medio de los atríticos para no birtarlo, para volver y
Me harté de la Argentina. Su inestabilidad cambiaria, sus impuestos asfixiantes, su inseguridad jurídica. Así que aprovechando una importante herencia