Para Francisco
te canto lo más bonito lo más sincero lo más triste que se me ocurre este desencuentro permanente que me
Durante mucho tiempo la pregunta fue por el ser de la literatura y después se pasó al para qué sirve la literatura. Más sensata que la anterior, esta pregunta dio lugar a muchísimas repuestas, casi infinitas según la posición adoptada. La literatura puede describir cómo echan humo las chimeneas de las fábricas o puede tomar la palabra para afirmar su propia imposibilidad de hablar.
El asunto es que, como designa un vacío, la literatura es siempre lo que pasó antes. Por eso se frustraron los intentos de fijar una definición. Cada vez que se dice “es esto”, la literatura ya está en otra parte.
Igual que en las Metamorfosis de Ovidio, cuando a Filomela le cortan la lengua y la encierran, pero igual se las arregla para contar su historia: la borda en una tela. Luego se convierte en ruiseñor, y quién sabe qué más ocurrió después.
Como en el mito, la literatura no tiene otra obligación que la de mutar. Dicho de otra manera, la literatura es siempre lo que está por venir.
Juan José Guerra
te canto lo más bonito lo más sincero lo más triste que se me ocurre este desencuentro permanente que me
buscas límites confusos incluso cuando sabes lo que querés y me miras como si ya supieras que vas a irte
Rivadavia y los dinosaurios —Chicos, tengo una idea—dijo el Pato ni bien llegó y con Ariel miramos al techo, suspirando.
Un poema que hable de: La memoria La trascendencia Y la nostalgia. Que empiece con un recuerdo, Con la importancia
Veo, cuando cierro los ojos, que hay galaxias entre los humedales, que los cocodrilos se revelan del hombre, que el
Soneto I (a Enrique Santos Discépolo) Discépolo, poeta burdo y de llanto, cantas mi Buenos Aires con verso tan suave,
ya no soy mas del que fue que entonces pasó que yo no sabía de los ángulos abuelos sembraban su
me obsesiona la profundidad del mar único secreto fugado al humano al irrespetuoso humano espía si solamente llegaron los plásticos
Mi poesía grita tu nombre y tú ni siquiera lo ves a tus labios les dediqué más versos que a
Jardín de mariposas, suena una canción, lenta fuerza de la madrugada, resignando firme las dimensiones sensibles al pulso intenso, embebida